viernes 20/5/22

Autor: Santiago Roura, Doctor en Bioquímica e Investigador del Institut del Cor del Germans Trias i Pujol (Badalona)

Se utiliza el término “mala praxis” para referirse a la responsabilidad profesional por los actos realizados con negligencia. La forma más conocida de este tipo de actividad fraudulenta es la negligencia médica o mala praxis médica, pero la misma también se aplica a otros ámbitos profesionales como la abogacía, la contabilidad pública y la economía, entre otros muchos. La ciencia tampoco es una disciplina exenta de mala praxis. Existen a lo largo de la historia moderna demasiados ejemplos que han socavado desgraciadamente la confianza en la comunidad o práctica científica en distintos campos de estudio. 

Uno de los más ‘ejemplarizantes’ ha sido el caso promovido por la poderosa industria del azúcar. En relación con este alarmante caso se da por hecho –basándonos en documentos internos desclasificados de la propia industria azucarera– la interacción o influencia directa de esta industria sobre los resultados o el mensaje de distintos estudios de gran trascendencia en el ámbito cardiovascular y la agenda científica del Instituto Nacional de Investigación Dental (en inglés, National Institute of Dental Researcho NIDR) de Estados Unidos. Se desconoce por ahora si existen interacciones indebidas con más organizaciones sanitarias o ámbitos de investigación. 

Pero empecemos por el principio de la historia. Tal y cómo muestran los documentos históricos que han sido desclasificados recientemente, en los años cincuenta, cuando las muertes por enfermedades del corazón se dispararon en EEUU, se animó públicamente a que los americanos de mediana edad adoptasen dietas bajas en grasas, pero altas en azúcares. Posteriormente, durante la década de 1960, magnates de la industria azucarera pagaron en repetidas ocasiones a científicos de relieve para que minimizaran el vínculo entre el azúcar y las enfermedades del corazón y promover la grasa saturada como falso culpable. Las principales conclusiones de esta investigación, llevada a cabo por investigadores de la Universidad de California en San Francisco (U.C.S.F.), Estados Unidos, fueron hechas públicas en la prestigiosa revista de Medicina Interna de JAMA(en inglés JAMA Internal Medicine), y se hizo también eco en los principales periódicos del país, entre ellos The New York Timesen septiembre del año 2016. “Pudieron descarrilar la discusión sobre el azúcar durante décadas", dijo por aquel entonces Stanton Glantz, profesor de medicina en la U.C.S.F y coautor del artículo de Medicina Interna de JAMA. Los documentos que salieron a la luz demostraban fehacientemente que un grupo comercial llamado Sugar Research Foundation (SRF), conocido hoy como Sugar Association, pagó a tres científicos de Harvard el equivalente a unos 50.000 dólares de hoy para publicar una revisión de investigación sobre el azúcar, las grasas y las enfermedades cardíacas en agosto de 1967, con el sugerente título “Grasas dietéticas, hidratos de carbono y enfermedad vascular aterosclerótica”. Los estudios utilizados en esta revisión fueron seleccionados expresamente por este grupo ‘amigo’ del azúcar, y el artículo, que fue publicado en la prestigiosa revista médica New England Journal of Medicine (NEJM),rebajó flagrante y descaradamente el vínculo entre el azúcar y la salud del corazón, y emitió por el contrario riegos no del todo claros sobre el papel de las grasas saturadas. Los científicos de Harvard y los ejecutivos azucareros con quienes colaboraron ya no están vivos. Uno de los científicos a los que la industria azucarera le pagó se convirtió posteriormente en el jefe de nutrición del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos, donde en 1977 ayudó a redactar las pautas alimentarias del Gobierno Federal. Otro terminó siendo el presidente del Departamento de Nutrición de Harvard.

Los documentos desclasificados no tienen desperdicio y resumen, por ejemplo, transcripciones de conversaciones entre John Hickson, director de investigación de la SRF, y el Dr. Hegsted de Harvard tranquilizando al primero: "Somos muy conscientes de su interés y cubriremos esto lo mejor que podamos". Se desprende de ellos también que fue Hickson en persona quien seleccionó uno por uno los estudios para que Hegsted y colaboradores los revisaran y redactaran su artículo en el NEJM dejando en claro que quería que el resultado favoreciera al azúcar. Asimismo, Hickson ayudó financieramente a señalar los puntos débiles y relativizar las conclusiones investigaciones que iban en sentido opuesto mediante gran cantidad de estudios sesgados. El mensaje interesado de Hickson era claro: se trataba de reducir el colesterol y sustituir las grasas poliinsaturadas por las saturadas en la dieta como única intervención eficaz contra las enfermedades cardiovasculares. Además, se llegó a asegurar que la sustitución de la grasa por sucrosa o sacarosa (principal componente del azúcar común) provocaba una gran mejora en los niveles de triglicéridos.

Aunque las evidencias de tráfico de favor que ponen de manifiesto los documentos encontrados y analizados se remonta a más de 50 años, nuevos informes confirman que la industria alimentaria ha mantenido sus redes de influencia sobre la ciencia de la nutrición muy activas. Por ejemplo, otro artículo publicado el 9 de agosto de 2015 en The New York Timessentenció que el gigante empresarial americano Coca-Cola había brindado apoyo financiero para la creación de una nueva organización sin fines de lucro llamada Global Energy Balance Network (G.E.B.N), que promueve fervientemente argumentos a favor de que los estadounidenses preocupados por el peso están demasiado obsesionados con la cantidad que comen y beben mientras no prestan suficiente atención al ejercicio. 

En otras palabras, a través de una fuerte campaña de difusión y publicidad en todos los medios habidos y por haber e incluso en el marco de conferencias y cursos ‘científicos’ oficiales, el mayor productor mundial de bebidas azucaradas, respalda una nueva solución "basada en la ciencia" para la crisis de la obesidad: mantener un peso saludable, hacer más ejercicio y preocuparse menos por reducir calorías. Profundizando más en el tema, salió a la luz cómo, desde 2008, la influyente compañía internacional ha proporcionado también 4 millones de dólares en fondos para varios proyectos a dos de los miembros fundadores de G.E.B.N: el Dr. Blair, un profesor de la Universidad de Carolina del Sur cuya investigación en los últimos 25 años ha formado gran parte de la base de las pautas federales sobre actividad física, y Gregory A. Hand, decano de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de West Virginia. 

En repetidas ocasiones el Dr. Blair y otros científicos afiliados a esta fundación sin ánimo de lucro con sede en los Estados Unidos que afirma financiar investigaciones sobre las causas potenciales de la obesidad han expresado que la industria azucarera no tiene ningún tipo de control sobre las conclusiones de sus trabajos o mensajes que difunde, y que no ven ningún problema con el apoyo de la compañía porque han sido siempre transparentes al respecto.

Asimismo, tras nuevas investigaciones de la U.C.S.F, se destapó otro caso evidente de tráfico de influencias por parte de la industria del azúcar. En 1971, el NIDR lanzó el Programa Nacional contra la Caries (en inglés National Caries Programo NCP). El objetivo de la investigación era analizar una serie de artículos sobre las actividades de la industria azucarera de caña y remolacha entre 1959 y 1971 en relación con las estrategias para influir en las prioridades de investigación del NIDR. El resultado del estudio, publicado en marzo del 2015 en la revista científica PLoS Medicine, fue concluyente: la industria de este sector sabía que el azúcar causaba caries dentales tan pronto como en 1950 y no intentó negar el papel fundamental de la sacarosa en esta dolencia. En cambio, a través de ciertas asociaciones comerciales, la industria adoptó una estrategia que desvió la atención a las intervenciones de salud que podrían tender a reducir el consumo masivo de azúcar, en lugar de restringir su acción negativa. De forma muy clara y rigurosa, el trabajo explora la posible interacción de dicha industria con el NIDR y sus prioridades en el contexto de su programa nacional. Según el análisis de la documentación a la que se tuvo acceso, el NCP fue una iniciativa totalmente fallida debido en gran parte a la alineación de las agendas de investigación entre el NIDR y la industria azucarera. Históricamente el NCP es visto como una gran oportunidad perdida para el desarrollo de una mejor comprensión científica de cómo restringir el consumo de azúcar para prevenir la caries dental. 

Por suerte se está poniendo remedio a todo este tipo de falsedades. Según se desprende de la directriz ‘Ingesta de azúcares para adultos y niños’,  promovida y publicada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) en 2015, preocupa cada vez más que la ingesta de azúcares libres, sobre todo en forma de bebidas azucaradas, aumente la ingesta calórica general y pueda reducir la ingesta de alimentos que contienen calorías más adecuadas desde el punto de vista nutricional, ya que ello provoca una dieta malsana, aumento de peso y mayor riesgo de contraer enfermedades no transmisibles, que constituyen la principal causa de mortalidad hoy en día. Estas directrices son importantes porque ponen el azúcar en su debido sitio. Resaltan que los azúcares libres contribuyen a la densidad calórica general de la dieta y pueden promover un equilibro calórico positivo, y que sostener el equilibrio calórico es fundamental para mantener un peso corporal saludable y asegurar una ingesta óptima de nutrientes. Por otro lado, se pone de manifiesto la inequívoca asociación positiva entre el nivel de ingesta de azúcares libres y la caries dental. A raíz de todo lo anterior, y de una vez por todas, la OMS defiende firmemente la recomendación de una ingesta reducida de azúcares libres a lo largo de toda la vida. 

Así, según se desprende de los últimos datos publicados, un tercio de las bebidas de refresco que se venden ya no llevan azúcar. En particular, en 2005, solo el 18% de los refrescos consumidos en España eran catalogados como lighto zero (con menos de cuatro calorías por cada 100 ml), una cifra que el año pasado ascendió hasta el 33%. Estos datos son importantes porque reflejan un cambio de estilo de vida del consumidor. Pero ¿cuál es la causa principal de esta tendencia? Parece ser que el gravamen a las bebidas azucaradas impuesto hace dos años por algunas administraciones como es el caso de la Generalitat de Catalunya no ha tenido prácticamente incidencia en este aumento del consumo de bebidas lighto zero. Objetivamente es el consumidor quien marca las pautas de consumo, no los impuestos que fija la administración. En este sentido las tareas de trabajo hace veinte años eran mucho más físicas y no tan sedentarias como ahora, y los trabajadores necesitaban más número de calorías diarias. Además del peso ganado por las bebidas lighto zero, la industria alimentaria se ha comprometido a llegar a una reducción del 22% en la cantidad añadida de azúcar en todas sus bebidas para el próximo año.

En conclusión, investigaciones oficiales fidedignas sugieren que décadas de estudio sobre el papel de la nutrición y las enfermedades del corazón, incluidas muchas de las recomendaciones dietéticas de hoy y la relación entre el azúcar y la caries dental, pueden haber sido en gran parte conformadas o manipuladas por la influyente y poderosa industria azucarera. 

Estos ejemplos históricos ilustran cómo las grandes industrias se protegen a sí mismas de investigaciones potencialmente ‘dañinas’ o contrarias, favorecen la difusión de mensajes que les son favorables o convenientemente ‘construidos’, y pueden dar trato de favor o influencia sobre los responsables de las políticas sanitarias. No debe ser permitido otros planes perfectamente ideados por la industria para cambiar la opinión pública a través de investigaciones, informaciones y programas legislativos totalmente orquestados. Es fundamental garantizar que los intereses de la industria no superen nunca los objetivos de salud pública. En este sentido se debe seguir examinando con recelo y sin bajar la guardia la oposición de la industria alimentaria a las propuestas políticas de la OMS y todos los cambios en los paneles de información nutricional sobre alimentos y bebidas propuestos en la mayoría de países. 

* Santiago Roura, Doctor en Bioquímica e Investigador del Institut del Cor del Germans Trias i Pujol (Badalona)

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